23 ago. 2011

eternidades.

Una eternidad es tan relativa. Eternidad para mí es por ejemplo esos minutos de carcajadas que ella en algún momento me brindó o aquél momento en que me abrazó al dormir, eso es eternidad.
Pero ni aún lo eterno es... tal cual, eterno. Con el paso del tiempo uno aprende a dejar fluir, ir... esos momentos.
Ahora estoy parada. En ese eterno momento de confusión de sentimientos. Estoy parada en la nada. En ese punto donde un remolino de pensamientos cruza mi mente sin darme tregua y a la vez estoy en blanco. Estoy en un punto donde mi vista de fija en espejismos, donde esas ganas de querer con las que hace tiempo me quedé, esas ganas de dar tanto hace que fije mi mirada en fantasmas, espejismos que huirán en tanto sientan un poco de cariño por mi parte.
Caigo a veces en el abismo de la resignación que más bien tiene el toque exacto de mediocridad, en ese punto donde se está por estar, porque la oportunidad se presenta, porque ahí está todo... y uno se resigna a estar ahí, a vivir esa vida paralela, esa vida fingida, esa vida donde uno sonríe para las fotos, donde da la mano por dar la mano y da un beso por besar, esa perfecta vida tipo ama de casa perfecta, matrimonio perfecto, tan cómodo, tan fácil caer ahí. Y salgo, vuelvo a salir y lucho por no resignarme, por creer aún que hay un camino perfecto para mí, uno que puedo recorrer, uno tan intenso y tan perfecto.
Y al final la lucha en realidad la estoy librando contra mí misma, contra esa necesidad de siempre más que en su momento ayudó a sentirme estancada en donde estuviera y ayudó a que hiciera acciones que decepcionaran a la gente que me quería, que las lastimara. Pero es esa punción, esa necesidad de movimiento que a veces hace que camine 10 pasos adelante de quien quiere estar a mi lado, esa necesidad de buscar, de algo más.
Sí, la lucha es contra mí misma, los temores son míos. Y al final creo que a quien extraño y a quien le temo por la noche es a mi verdadera esencia.

punto y aparte.

19 ago. 2011

Cuando se fue.

En ese momento no había mucho que pensar, ella estaba ahí, su amor estaba ahí, nosotras estábamos ahí. Hasta que ninguna de esas cosas estuvo, ni ella, ni su amor, ni un "nosotras". En ese momento quedé desconcertada, desconectada y perdida. Ella, no, ya no estaba ni iba a estar ahí conmigo. A pesar de que llevaba horas de su partida, yo sabía en el fondo qie llevaba meses que ya se había marchado, era triste, lo sentí y no me atreví a hacer nada para detenerla, quizá por miedo, quizá por pensar que era injusto detener a alguien que ansía marcharse. Y se fue. Caí, caí, en una espiral, en caída libre sin llegar al fondo, pero oh, sí, sí llegué. Perdí mi identidad, perdí mi dignidad, perdí mi cordura, perdí el simple sentido de quién era y yo y por supuesto me volví poco a poco un zombie en la vida, perdí hasta los kilos esos que estorbaban.
Dejé de ser yo.
Lloré, como nunca, y cuando digo como nunca no miento, nunca había llorado de tal forma. ..
Grité, lloré y tal vez hasta rogué y sin embargo nunca hubo cambios, ella llevaba mucho tiempo lejos de mí.
Me inundé en todos esos sentimientos y todas esas emociones que llevaba dentro y nunca pude llegar a expresarlas o demostrarlas como quise... desesperada con la ansiedad de tanto amor en mí y nadie que lo recibiera.
Corrí. Huí de mí misma.
Y ella. Siguió lejos de mí.
Hice. Deshice.
Nunca volvió.
Y un día, decidí dejarla libre, decidí quitarla el ancla que me estaba volviendo y decidí darme la oportunidad a mí misma de ser libre, de darme una nueva oportunidad con alguien más eventualmente.
Seguí.
Aprendí a reir nuevamente, aprendí a estar sola, aprendí a desacostumbrarme de su rostro, voz, su aroma y sus bromas. La dejé ir.
Y seguí.
Ahora pues, da miedo volver la mirada. Y creo que aún no lo haré.
Pero ahora hay paz. ahora estoy volviendo a ser yo.

Keep strong
Keep happy
Keep peaceful

Love.